El pasado 30 de abril tuvo lugar en Lozoyuela la segunda prueba puntuable para la Liga Centro LXS y Campeonato de Madrid de Raids de Aventura. De nuevo, correría con los Magerit en el equipo “KW y Rolete” (Rafa en el papel de KW, yo mismo en el de Rolete, más un invitado de lujo) en la categoría Raiders 2+1. Además, otros equipos Magerit participarían en la misma categoría (los Cabezapensantes y los Hasticao).
El recorrido en forma de bucles tendría como base Lozoyuela, con una primera sección urbana obligatoria, y tres más que se podrían realizar en el orden que se quisiera: con dos BTT (una con orientación específica y otra con kayak) y un trekking (también con orientación específica).
Sin embargo, la crónica del equipo KW empieza el jueves anterior en la Casa de Campo. Quedada para montar en bici con Berni, Luis y Aurelio (por cierto, con muchos recuerdos para Mª Ángeles). Luis, que está en todos los saraos raideros del planeta, me dice si se puede venir con nosotros el fin de semana, pero que tiene el hándicap que sólo puede hacer la bici y el kayak… En ese momento pensé que ver a Luis competir como KW podría destrozarle la vida: truncar su carrera deportiva de esa forma no era un final decente para alguien como él. Pero opté por callar, y le dije que lo consultaría con Rafa, reconocido palista y biker profesional (ver crónicas anteriores), que no tuvo reparos en aceptar la oferta descorchando una botella de champán y yéndose el día anterior del Raid de fiesta llegando a casa a eso de las 9 de la mañana, 30 minutos antes de la hora a la que habíamos quedado.
Sábado por la mañana en el que se avecinaba como un día lluvioso… Llegamos a Lozoyuela, y Luis abre la posibilidad de hacer el score urbano con Rafa, para que no tuviera que comerme el Raid entero, pero al final desiste por no saber cómo responderá su rodilla y por las molestias en el costado izquierdo debido a una caída en bici (posiblemente con una costilla fisurada).
Así que Rafa y yo nos preparamos para recoger el mapa al sprint, con salida a las 12:05, en donde vemos que el recorrido es en parte urbano y en parte por los alrededores de Lozoyuela. Planeamos el recorrido y salimos corriendo hacia la primera baliza urbana, pero vemos que hay una cola de al menos 20 equipos, así que decidimos seguir directamente a las del exterior del pueblo. Vamos picando las primeras, pero el recorrido requiere ir a rumbo en la mayoría, por lo que había que estar fino con la orientación. Más o menos las vamos sacando, con algún traspié por mi parte con la orientación, debido a la carencia de referencias de ataque claras, pero picamos todas y volvemos al pueblo a terminar el recorrido urbano.
Luis nos está esperando, y cogemos los planos para la salida hacia la bici que incluiría la orientación específica por Cincovillas: supuestamente 32 kilómetros en total. La realidad, 44. Planificamos bien la ruta, y salimos hacia Garganta de los Montes, subiendo un collado con mala leche y mucha piedra, pero Luis, un titán en la bici, saca a relucir el “remolcatroncas” y me engancha para subir los tramos más complicados. Picamos las dos primeras balizas, y después le comentó la posibilidad de ir por la vía del tren, pero encuentra un camino paralelo que nos lleva de igual forma a la baliza siguiente; sin embargo, para cruzar la carretera "prohibida", optamos por ir por el camino que discurre sobre las vías del tren, cruzando el viaducto y llegando al otro lado sin pendiente ni desnivel y sin morir aplastados por ningún tren.
Luis clava la orientación, mientras que va tirando de mí en las partes más rodadoras, para ir ganando tiempo y que pudiera cansarme menos, pero mi cuentakilómetros echa humo por la velocidad a la que vamos: más de 20 km por hora, de media, por pista y orientando. Llegamos a Buitrago, donde empezaba la orientación específica, con una primera subida esta vez con barro y mal agarre. Me dedico a empujar un tramo, mientras Luis decide qué balizas se dejaba del recorrido (había que hacer un número de puntos determinado, no coger todas las balizas). La elección es la acertada, ya que recogemos la mayoría sin sufrir mucho desnivel. Así que salimos hacia Lozoyuela pasando por la Nava de Buitrago por primera vez en el día.
Rafa no se espera que lleguemos tan pronto, pero estaba listo para salir en el trekking. Voy comiendo algo, pero pensando que había un atajo por la zona de los bomberos, tenemos que dar la vuelta perdiendo unos valiosos minutos. Mis piernas van poco a poco adaptándose al cambio de bici a trekking, y puedo empezar a trotar ligeramente. Llegamos a la orientación específica, y Cincovillas siempre me ha parecido complicado. De nuevo no hay que recoger todas, y elijo las más cercanas, pero buscando la 101 encuentro la 102… Mal asunto, pero me permite reorientarme y encontrar el resto ya sin tantos problemas. Empiezo a notar molestias en la rodilla. Llevé el sillín algo bajo en la bici en previsión de tramos técnicos y me ha pasado factura. Además, Rafa no está acostumbrado a ir por terrenos tan escarpados, por lo que parecemos los dos el Cojo Manteca huyendo de la policia. Volviendo a Lozoyuela, vemos a un grupo de competidores en bici que no sabíamos de dónde habían salido (ni ellos dónde estaban), pero aún cojos les adelantamos y llegamos para que Luis y Rafa pudieran hacer las primeras pruebas especiales (escalada y rapel, y esquí tándem) mientras me recuperaba y planeaba el trazado de la ya última BTT.
De nuevo Luis impone un ritmo infernal, atravesando los caminos más técnicos sin problemas (él, yo no). Incluso pasamos por una zona en donde el agua me llegaba casi a la altura del sillín. Mucho barro y mucha agua, pero vamos por buen camino hacia el kayak, donde antes teníamos que tirar con arco para ver cuántos puntos hacíamos, y si sacabas un mínimo de 12 sobre 15 puntos te ahorrabas una baliza del kayak. Así que allá voy: la primera, 4 puntos, así que no va mal la cosa, pero con la segunda y la tercera suelto la flecha antes de tiempo y golpean ambas en el 3, así que 10 puntitos… Nada, toca remar más, pero esta vez no estaba Rafa: ¿le echaría de menos? Evidentemente, NO.
Así que cruzamos el embalse del Atazar cogiendo las dos balizas del kayak, y llegamos a las 19:00 a recoger de nuevo la bici y volver a Lozoyuela, cogiendo las dos últimas balizas por el recorrido. Hay que darlo todo, tenemos que llegar con tiempo para hacer la última prueba especial, y hay que asegurarse que aunque haya cola, podamos hacerlo. Aprieto con todo, y con la ayuda de Luis, vamos adelantando equipos a unas velocidades otra vez inhumanas por el tipo de terreno, el desnivel, y el cansancio que llevaba encima.
Sin embargo, llegamos en poco más de 30 minutos a Lozoyuela, lo que nos da tiempo para realizar la última prueba (subida en escala complicada, porque justo en ese momento empezó a llover lo que no había hecho en todo el día, más tirolina), entregando la tarjeta habiendo empleado 7 horas y 43 minutos en completar todo el recorrido. Total: sobre 90 kilómetros, repartidos entre BTT (unos 65), kayak (unos 4) y trekking (algo más de 20 kilómetros).
Ya por fin, cambiados y secos, comemos la paella y tarta de queso cortesía del Ayuntamiento comentando con el resto de equipos las estrategias y problemas del Raid, mucho más duro que el de Toledo. En la entrega de premios nos certifican como los ganadores de la Categoría, con 62 puntos, 11 más que los segundos y a 14 de los terceros. Los Hasticao finalizaron 5º, a dos puntitos del podio (47), mientras que los Cabezapensantes acabaron 12º, con 39 puntos. Nos entregan una Copa bien grande que haría las delicias de María, siempre contenta de guardar trofeos en casa. Eso sí, esta vez no nos dieron un lomo ni pusieron camareras vestidas de corto: Bermejo, si pones el listón alto, hay que mantenerlo. Eso sí, había barra libre de vino (con gaseosa o no), donde Rafa dejó claro que un KW es un KW.
Por último decir que correr con Luis es todo un lujo y un honor, ya que te permite afrontar las siempre duras y complicadas etapas en BTT con unas garantías excepcionales, y como no, con Rafa, que como bien me recuerda siempre “hay que ir a ganar” independientemente de las circunstancias.



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